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jueves, 19 de abril de 2012

Facebook y su impacto en la Red


No seremos pocos los que hayamos visto la película dirigida por David Fincher La red social (The Social Network en su versión original), estrenada con gran éxito de crítica y público en 2010. En ella es posible ver el proceso que siguió la red social más conocida de la Red, Facebook, desde sus inicios hasta su encauzamiento como una de las webs más visitadas del ciberespacio.


Lo que en un principio fue un espacio en el que poder ver a las chicas que componían las diferentes hermandades de Harvard, se ha convertido a día de hoy en todo un fenómeno con millones de usuarios a lo largo y ancho del mundo.

Cabe preguntarse, ante el éxito de la web de Marc Zuckerberg, ¿qué es lo que ofrece esta página?
Una de sus máximas ventajas es el número de usuarios que la componen, 1.000 millones, lo que hace que sea un universo en sí misma en el que poder conocer a gente de cualquier parte del planeta desde nuestra casa.


Por otro lado, desde su lanzamiento ha estado en constante renovación, siéndole añadida multitud de nuevas aplicaciones que han hecho que en ella podamos llevar a cabo cientos de acciones: colgar y comentar fotos propias y de amigos, enlazar noticias, canciones y vídeos, asociarnos con otras personas con las que compartamos gustos similares, jugar, etc…

Las grandes empresas, conscientes del tirón de Facebook, no han querido desaprovechar la oportunidad de obtener su trozo del pastel y han desplegado toda su artillería en la web. Para poder promocionarse de una manera distinta y que llegue a todo el mundo, muchas de ellas han celebrado sugestivos concursos en los que el usuario puede ganar desde un viaje a las paradisíacas playas de Tailandia hasta un vale por valor de 3.000 euros para gastar en unos grandes almacenes.

Pero Facebook ha ido más allá, consiguiendo que sus usuarios vuelquen su vida en el perfil que poseen en la página: las imágenes de su último viaje, opiniones políticas, cantantes favoritos, estudios realizados, lugar de residencia, orientación sexual, persona con la que mantiene una relación, sus conexiones familiares, etc… Aunque es posible cerrar nuestra página personal para que sólo puedan acceder a ella las personas a las que aceptamos como amigos, todavía son muchos los que, por desconocimiento o inconsciencia, mantienen sus perfiles abiertos a cualquiera que desee acceder a ellos. Esto no sería un problema si no fuera porque más de uno y de dos han perdido sus trabajos por publicar lo que no debían en Facebook (fotos comprometedoras, comentarios insultando al jefe) o, lo que es peor, han sufrido acoso o algún robo por haber dado más información de la debida.

Vista de uno de los perfiles que conforman Facebook

Las redes sociales, de las que Facebook es el máximo exponente, incluso han creado ciertas pautas sociales. Al ser un escaparate con el que saciar las ansias de protagonismo y exhibicionismo de muchos, se han convertido en un escaparate de las vidas de sus usuarios, por no hablar de la necesidad creada por algunos de fotografiar cada salida que realizan para luego poder tener material que colgar en la web. Si antes apenas se veía alguna cámara en las discotecas, ahora se cuentan por cientos.

Facebook y sus “primas” (Tuenti, Twitter, Flickr) son un fenómeno relativamente reciente, por lo que todavía habrá que esperar para ver la verdadera magnitud del mismo, pero si algo queda claro es que han marcado un antes y después en la forma de comunicarse y de utilizar Internet.


A. Espejo Fernández

domingo, 26 de febrero de 2012

The Artist, la gran apuesta para Los Oscars

A penas quedan unas horas para que conozcamos cuales serán las películas galardonadas en los esperados premios Oscar. Por eso, se hace necesario para mi hacer una breve pero sentida mención a la gran película The Artist. Está nominada a 10 premios, entre ellos mejor actor principal, mejor actriz de reparto, mejor película, director o guión original. 



Parte como una de las favoritas para arrasar esta noche, y no me extraña, The Artist nos cuenta el nacimiento de las películas sonoras (Talkies) y la posterior llegada de los musicales, en una etapa clave para el cine,  el final de los años 20. 

Blanco y negro, muda y francesa, tres ingredientes que suenan descabellados para triunfar en Hollywood, pero que sin embargo han desembocado en una emotiva historia, que habla de amor y éxito profesional. El trasfondo de la película es la negación de un grande del cine a los grandes cambios en el panorama cinematográfico del momento, el proceso de adaptación de la vieja escuela, una reflexión que bien podría extrapolarse al panorama actual. 


Con esta película, se replantea la fórmula del éxito en el mundo del cine, ni el propio director es capaz de asimilar la gran acogida que está teniendo su cinta, ya que pasó más de 7 años buscando financiación para  su arriesgado proyecto. Esto, demuestra que las cosas bien hechas siempre cosechan frutos.



Hay que tener mucha valentía y fuerza para realizar una película muda y en blanco y negro en plano siglo XXI,.Por eso, y por ser una película de dos grandes interpretaciones, por la cercanía, la trama, la gran banda sonora, el sentimiento, la sencillez y por todos los momentos ocurrentes y encantadores que nos ofrece, The Artist merece arrasar en los Oscars.

Mención especial para el entrañable Uggie, inseparable perrito del protagonista de la película, que sin duda ganaría el galardón a mejor mascota si la hubiera, por su entrañable y adorable interpretación como mejor amigo del hombre, una vez más.


¿Y vosotros que opináis? 
¿Merece ganar The Artist los principales premios de los Oscars, o tenéis otros favoritos? 



Cristina Rodríguez Martín

miércoles, 22 de febrero de 2012

Reviviendo los 60…

Los años 60 han vuelto para quedarse, ya que las series y  películas inspiradas en ésta época están triunfando en la pequeña pantalla y en taquilla.

Las series Mad Men y Pan’Am están pisando fuerte en Estados Unidos y en España, poco a poco cuentan con cada vez más seguidores.

Mad Men, ambientada en el Nueva York de 1960, es una provocativa serie cuyo argumento gira en torno al grupo de publicistas de la agencia Sterling Cooper y nos mete de lleno en el competitivo y conflictivo ambiente de la época de la edad de oro de la publicidad tal y como la entendemos ahora.



Mad Men es el reflejo del momento que se está viviendo, una sociedad aún machista, en el que las mujeres empiezan a intentar ser independientes en el difícil ambiente de una agencia en la que todos los publicistas son hombres y la publicidad es un mundo competitivo y glamouroso.

La espectacular escenografía, el gran realismo de los hábitos, en el que los actores fuman sin parar en cualquier lugar, una estética cuidada al milímetro y su autenticidad histórica le han valido tres Globos de Oro y nueve Emmys.

Tras más de un año de espera, los fans de Mad Men están de enhorabuena, ya que la serie vuelve el próximo 25 de marzo. Con el motivo de la nueva temporada los publicitarios de Mad Men han invadido el metro neoyorkino con la silueta minimalista del mismo hombre trajeado que cae al vacío en la cabecera de la serie. Ni si quiera han necesitado escribir el nombre de la serie para que todos los ciudadanos de Nueva York identifiquen esa silueta como la del publicista más famoso de la pequeña pantalla, Don Drapper. Esta quinta temporada traerá más de una sorpresa, ya que hace pocos días se confirmó la presencia del cantante Paul McCartney en al menos un capítulo de la serie.


Otra serie que viene pisando fuerte es Pan’Am, que se desarrolla durante los años dorados de la que en su día fue la aerolínea más importante de los Estados Unidos, la Pan American World Airways.
El eje de esta ficción es la glamourosa y lujosa vida de los pilotos y azafatas de esta compañía. En esta época, la aerolínea era considerada un símbolo de los Estados Unidos en una época de prosperidad industrial y económica en la que volar era un lujo. Por lo que los amoríos, celos, amistad, problemas, espionajes y pasiones transcurren a más de 30.000 pies de altura.
La imagen de perfectas azafatas y guapos pilotos aporta una imagen mucho más liviana y ligera de la época en comparación con el ambiente competitivo que nos muestra Mad Men.






Esta tendencia por la estética sesentera en las series también se ha trasladado al cine con una película que está arrasando en todos los premios del cine, antesala de los esperados Oscars, hablamos del film Criadas y Señoras(The Help). La película, inspirada en el libro homónimo, ya ha cosechado premios en los BAFTA y los Globos de Oro, y aspira a ser una de las vencedoras en las categorías de mejor película, mejor actriz principal y mejor actriz de reparto.





La película, ambientada en el Mississipi de los años 60, narra la historia de una periodista recién licenciada con el sueño de convertirse en escritora que vuelve a su pueblo natal revolucionando con su llegada el sureño pueblo natal en el que vive.
El inconformismo de la joven la lleva a escribir a cerca de las criadas negras que en ese tiempo siguen siendo figuras muy arraigadas en la tradición sureña de los Estados Unidos. La joven escritora, por medio de los testimonios de las criadas, consigue revolucionar la visión de todos los habitantes de la zona.

Esta historia, que no dejará indiferente a nadie, explora la amistad, la igualdad, la segregación racial, el amor… Y reproduce a la perfección la situación de la época. Una película, que promete obtener algún premio Oscar para las brillantes actuaciones de Emma Stone, Viola Davis y Octavia Spencer.



¿Os gusta esta nueva estética sesentera?  Estos son varios ejemplos interesantes y llamativos, ¿Conocéis alguna otra serie o película actual ambientada en los años 60?






Cristina Rodríguez Martín

lunes, 20 de febrero de 2012

Unos Goya que no remontan

La gala de la vigésimo sexta edición de los premios Goya, intenta una vez más, sorprender, ser amena y entretenida, pero como cada año, no termina de conseguirlo. De esto tiene culpa, en gran medida, las guionizadas bromas de una Eva Hache con poca gracia, largos agradecimientos y pocas sorpresas.

Los premios propiamente dichos, tampoco sorprendieron demasiado, con No habrá paz para los malvados como gran vencedora de la noche, con un sabor agridulce para La piel que habito y la impresión de que a Almodovar se le aprecia más fuera, que dentro de nuestras fronteras. La voz dormida tampoco defraudó y el western español Blackthorn que partía como perdedora, obtuvo cuatro Goyas de reconocimiento técnico.

En la recta final de los premios, en el momento en el que se entregan los Goyas más importantes, No habrá paz para los malvados se alzó con la victoria por partida doble con José Coronado y Enrique Urbizu, como mejor actor y mejor director, además de mejor película y otros tres galardones más.  Merecido triunfo para el director vasco y el eterno aspirante Coronado, que era ganador seguro en la mayoría de las quinielas.

El director Enrique Urbizu y el actor Jo´sé Coronado, celebrando su triunfo


 La piel que habito solo cosechó 4 premios de los 16 a los que optaba. Ha servido a la actriz Elena Anaya para obtener el galardón a mejor Actriz Principal por su increíble papel de la mano de Pedro Almodovar. Director, que ver en las butacas de los premios de la academia del cine español ya de por si, es noticia.

La voz dormida obtuvo “tres cabezones” con la emocionada María León como mejor actriz revelación, que partía como favorita desde que ganara la concha de plata en el Festival de Cine de San Sebastián.



Elena Anaya y María León, las mujeres de la noche

Eva Hache, conductora de la gala, no convenció, no dio el juego que se esperaba y no se pareció demasiado a la humorista de ácidos comentarios que acostumbramos a ver en “El Club de la Comedia”. Más acertados y entretenidos fueron los montajes de la presentadora, integrándose en las nominadas a mejor película, así como los videos protagonizados por Cayetana Guillén Cuervo, parodiando los momentos más recurrentes de cada gala, como los largos agradecimientos, que un año más han sido tediosos.

El contrapunto a Eva Hache lo dieron varias sorpresas en el escenario. Lo más inesperado fue el rap interpretado por “El Langui” con las estelares apariciones de Antonio Resines, Juan Diego, Tito Valverde y Javier Gutierrez, que ataviados con gorras, gafas de sol y collares bling bling, hicieron lo que buenamente pudieron demostrando su escaso sentido del ridículo.

Javier Gutiérrez, Juan Diego, El Langui, Tito Valverde y Antonio Resines a ritmo de rap

El momento más emotivo de la noche fue la reaparición de Silvia Abascal tras el ictus cerebral que ha mantenido a la actriz apartada de la vida pública. Recibió una inmensa ovación y provocó las lágrimas de muchos de sus compañeros y amigos de profesión con un discurso agradecido y sentido: “Estoy feliz de estar aquí, escuchándome fuerte el corazón, mirándoos a los ojos y poder decir gracias”.

Una vez más, quedaron de manifiesto las deficientes medidas de seguridad, y la organización quedó en evidencia con la aparición de espontáneos en el escenario no en una, sino en dos ocasiones. La primera aparición fue la de un tal “Muletilla” que reivindicó el rodaje de una película western en Extremadura. La segunda, a pesar de ser menos ilógica, pasó más desapercibida, pero claramente pudo apreciarse la popular careta de Guy Fawkes de Anonymous, a pesar de los intentos de la policía por frenar los posibles ataques del grupo hacktivista. Además de su aparición en la gala, Anonymous tumbó la web de los Premios Goya horas antes de que comenzara la gala.

Representante de Anonymous ataviado con la distintiva careta

Otro de los momentos que dieron interés a la gala, fue el discurso de la cineasta Isabel Coixet, nominada y vencedora del premio al mejor Documental por “Escuchando al Juez Garzón”, que aprovechó su discurso para homenagear al magistrado y mostrar su rechazo a los tres procesos que el juez tiene abiertos. Afirmó que “al final sí habrá paz para los malvados y para los no malvados 11 años de inhabilitación", que entre aplausos sentenció: "El Tribunal Supremo puede apartar a Garzón de la justicia, pero a la justicia nada ni nadie podrá apartarla del juez Garzón",

Mención especial al gran periodista Toni Garrido, que una vez más, envolvió con su imponente voz todo el Palacio de Congresos, salpicando la gala de comentarios, datos y curiosidades cinéfilas.

Para terminar, quiero dejar por escrito mi primera quiniela para los Goya 2013: Santiago Segura como presentador de la próxima gala. En 5 minutos de aparición con su intervención antes de presentar el premio al mejor actor revelación, fue capaz de eclipsar a Eva Hache en tres horas de gala. No solo lo reclamo yo, también lo hicieron los miles de internautas que con sus tweets pedían a gritos que Santiago Segura conduzca la próxima gala de los Goya. Nos deleitó con un genial monólogo que provocó las carcajadas del auditorio por las menciones de muchos de los actores allí presentes y por la mención a su propia película, que no ha recibido ni una nominación a pesar de haber 29 premios distintos, y eso que su película Torrente 4 , resulte triste o no, ha recaudado el 20% de la taquilla del cine español. Con Santiago segura o sin él, veremos si la próxima gala de los premios Goya, por fin remonta.



Cristina Rodríguez Martín

sábado, 4 de febrero de 2012

Hello, Vietnam!


En Marzo del año que viene se cumplirá el cuarenta aniversario de la salida del último marine norteamericano de Vietnam, momento que escenificó la derrota de EEUU en la guerra por la que llevaba casi una década enviando a la muerte a miles de jóvenes (casi 60.000 soldados americanos murieron durante la contienda).

Este fracaso militar dejó en EEUU una honda huella en todos los aspectos, tanto político (la forma en la que la primera potencia participó posteriormente en conflictos armados cambió de manera radical), como social (los excombatientes de Vietnam  nunca recibieron los mismos honores que los de la II Guerra Mundial, a pesar de ser cientos los monumentos levantados a la gloria de los caídos y desaparecidos en el país asiático) y, cómo no, artístico.

Monumento a los caídos durante la guerra de Vietnam, Washington D.C.

Dentro de este último punto, las manifestaciones fueron y han sido de todo tipo y orientación: fotografía, pintura, literatura, música y, por supuesto, cine. Cinematográficamente hablando, a excepción de algunos títulos, la mayoría de las películas que han tratado el tema lo han hecho desde una óptica contraria a la guerra, antibelicista e, incluso, antimilitar.

Cuatro de los largometrajes más alabados y conocidos ambientados  en Vietnam han sido, por orden de aparición, Apocalypse now (1979), Platoon (1986), La chaqueta metálica (1987) y Cuando éramos soldados (2002).

Las tres primeras, si en algo coinciden, es en mostrar la guerra en toda su crudeza y sin reserva alguna: imágenes de los excesos cometidos sobre la población civil, de las adicciones de los soldados a las drogas, de las mujeres vietnamitas prostituidas para ofrecer sexo a militares estadounidenses y, en definitiva, de las consecuencias humanas de la guerra.

Protesta contra la participación de EEUU en el conflicto de Vietnam

La cuarta, muy posterior a las otras tres, tiene una lectura mucho más positiva y, más que una crítica al comportamiento de los soldados o a la participación estadounidense en Vietnam, es un homenaje a los que participaron en ella y al propio ejército norteamericano.

-Apocalypse Now: Dirigida por Francis Ford Coppola y basada en la novela de Joseph Conrad El corazón de las tinieblas. El argumento gira en torno al capitán Willard (interpretado por Martin Sheen), al cual se le encomienda la misión de encontrar y matar al coronel Kurtz, un antiguo boina verde que se ha hecho con un ejército propio en Vietnam. Algunas de las escenas más célebres son las de la selva vietnamita siendo bombardeada con napalm, aquellas en las que aparece el coronel Kilgore (Robert Duvall) pronunciando sus lapidarias frases y, en general, las de locura y violencia extrema en las que son partícipes los protagonistas.



-Platoon: Estuvo dirigida por Oliver Stone y fue la primera película de su trilogía sobre Vietnam, una guerra en la que él mismo participó. El guión trata acerca del recluta Chris Taylor (Charlie Sheen), enviado a Vietnam para unirse a un pelotón de infantería en el que las luchas de poder entre dos mandos militares están a la orden del día. El aspecto más sobresaliente del filme es el relato que se hace del conocido como fragging, es decir, el acabar con la vida de un compañero que pusiera en riesgo al grupo o que demostrara incompetencia. Cada uno de los dos sargentos en conflicto representa una posición antagónica, como es la maldad y la bondad: mientras uno de los sargentos es un déspota inmoral, el segundo en cuestión intenta frenar los excesos del primero. Nuevamente, se transmite el mensaje de la irracionalidad de toda guerra y de denuncia de las atrocidades cometidas sobre la población civil vietnamita por parte de los americanos.



-La chaqueta metálica: En esta ocasión, la dirección recayó en Stanley Kubrick, que se inspiró en el libro The Short-Timers, escrito por Gustav Hasford. La trama se divide en dos partes claramente diferenciadas: la primera de ellas se ambienta en un campamento en el que los reclutas se preparan para ir al frente (en este sitio sufren todo tipo de humillaciones y abusos antes de que se les considere auténticos soldados) y la segunda en el propio frente en Vietnam, donde el protagonista (Matthew Modine) cumple las funciones de periodista de guerra para una publicación del Ejército (de nuevo abundan las escenas de comportamientos abusivos y actitudes despiadadas  entre los militares para con el enemigo y entre ellos mismos, aunque no con la crudeza de Platoon). La crítica de esta obra cinematográfica, más que a la propia milicia, se dirige a la guerra, que, según la imagen transmitida, es una sinrazón que deshumaniza a los que en ella participan.



-Cuando éramos soldados: También basada en un libro, en este caso We were soldiers once… and young, de Harol Gregory Moore y Joseph L. Galloway, ambos testigos de los hechos narrados, este filme lo dirigió Randall Wallace. El protagonista de esta cinta es el teniente coronel Harold Gregory Moore (Mel Gibson), quien dirigirá a sus hombres en  la célebre batalla del valle de la Drang, de la que salieron victoriosos los norteamericanos. Durante la película, al contrario que en las otras tres producciones, los militares serán mostrados como personajes valientes, nobles y entregados a una causa justa.  Además, el teniente coronel Moore aparece como un hombre sensible con sus subordinados y dispuesto a protegerles. Otro punto a remarcar es que los miembros del Viet Cong no son simples objetivos a abatir, sino personas con nombres y apellidos que sufren y padecen (en una escena aparece un norvietnamita escribiendo una carta a su novia con la foto de ésta al lado), lo cual es toda una innovación respecto a anteriores películas, más centradas en uno de los bandos.



Como se puede comprobar, los enfoques dados a la guerra de Vietnam han oscilado desde los radicalmente opuestos a la guerra (Platoon y La chaqueta metálica) a los fervientemente partidarios de, si no del propio envío de tropas, del papel jugado por el ejército estadounidense (Cuando éramos soldados), pasando por el punto intermedio de aquellos que opinaron que los desmanes ocasionados por los americanos fueron producto del propio ambiente bélico y la situación de tensión (Apocalypse Now).

Un último punto interesante a analizar (a medio y largo plazo) es ver cómo ha tratado y cómo tratará el séptimo arte las dos guerras en las que se embarcó EEUU en los primeros años de este siglo, Afganistán e Iraq (ambas, por cierto, con consecuencias similares a la de Vietnam), teniendo en cuenta el gran impacto y, en muchos casos, rechazo que han generado en el seno de la sociedad estadounidense. 


A. Espejo Fernández

miércoles, 1 de febrero de 2012

Megaupload y la cueva de Alí Babá


Probablemente muy pocos (y, de los que usamos Internet a diario, menos) no se hayan enterado todavía de la que seguramente será una de las noticias más sonadas del año: el cierre por parte de las autoridades de los EEUU del servidor de descargas Megaupload.


La clausura de una de las webs más conocidas y utilizadas de Internet ha generado una verdadera ola de opiniones y reacciones en todo el mundo, incluyendo la del grupo Anonymous, que ha aireado públicamente diversos datos de varios responsables del FBI y ha hackeado numerosas webs pertenecientes al Gobierno estadounidense y a las grandes compañías del sector audiovisual. La postura más común y, quizás, más notoria, ha sido la de aquellos internautas que se han mostrado radicalmente contrarios al cierre de Megaupload. Muchos de estos  han esgrimido argumentos como que estamos ante el comienzo de la censura en la red de redes, un intento de las grandes compañías discográficas y productoras de cine para recuperar parte de los ingresos que llevan años dejando de ganar o que esto es el principio del fin de nuestra libertad como usuarios.

Bien, tal vez los que así opinan no se hayan parado a pensar que el drama de todo este asunto se encuentra en aquellos artistas y creadores que no obtienen beneficio alguno por una porción demasiado elevada de su trabajo. ¿Alguien ve lógico que un pastelero sólo pueda vender la mitad de las tartas que hace a diario en su negocio porque la otra mitad se la han comido, sin pagar cantidad alguna, los clientes? Un disco, una película o un libro requiere un enorme esfuerzo, no sólo material, sino también intelectual: detrás de un emocionante guión, una buena canción o un interesante libro hay una persona que ha dedicado mucho tiempo (eso tan valioso de lo que, a pesar de lo que creemos, tenemos tan poco) de su vida a concebirlo. Eso por no hablar de los profesionales que, de manera indirecta, se ven afectados por el robo de contenidos culturales (desde el que suministra los equipos de sonido a una discográfica hasta la señora que limpia los estudios, pasando por el señor que tiene una tienda de discos o películas, el que conduce el camión de la distribuidora encargada de la entrega de los artículos o el diseñador gráfico que idea la portada de un nuevo disco).

Nadie niega que los precios son, en muchas ocasiones, elevados para el consumidor medio, pero eso no nos otorga a ninguno el derecho a poder hacernos gratuitamente con lo que no es nuestro. Siguiendo con el ejemplo del pastelero anterior, ¿le da derecho a llevarse sin pagar las tartas a los clientes el que el dueño de la pastelería establezca un importe desproporcionado por ellas? Lo lógico es que, si uno no está de acuerdo con la cantidad que se  pide por algo, no se compre ese algo.

Que apenas exista un control en Internet no significa que haya barra libre. La libertad propia acaba donde comienza la del otro y, con el tema de las descargas ilegales, se ha vulnerado la libertad de los creadores a establecer un precio libre por su trabajo. En caso de que no podamos o no queramos pagar dicho precio, la solución es tan fácil como no comprar, tras lo que podrán pasar dos cosas: 1) los dueños de los derechos de autor se verán obligados a bajar los precios por falta de demanda o 2) haya demanda para esos artículos ofertados a un precio que nosotros consideramos elevado.

En caso de producirse lo segundo, sólo nos quedará ahorrar o buscar otro libro, película o disco parecido a un menor precio. ¿No es eso lo que hacemos cuando  no podemos adquirir un coche de alta gama? ¿Por qué entonces no se sigue la misma lógica con la cultura?

La cultura no puede ni debe ser gratuita porque los autores tienen derecho a vivir conforme a su talento y, además, son libres de ponerle el precio que estimen oportuno a sus obras, de la misma forma que los consumidores somos también libres de comprar o no comprar sus trabajos. Un arquitecto muy prestigioso es normal que reciba unos ingresos mayores por sus diseños que uno de menor fama, del mismo modo que un cantante es comprensible y justo que gane más por su producto que uno de menor calidad.

De todas maneras, y ya fuera del debate sobre la aceptabilidad o no de descargarse contenidos sin que el dueño reciba gratificación alguna, Megaupload sirvió como medio de enriquecimiento para sus propietarios, los cuales se ha demostrado de manera sobrada que obtuvieron pingües beneficios ofertando a los internautas la posibilidad de hacerse con miles de contenidos,  protegidos o no, sin tener que abonar cantidad alguna. Lo único que había que pagar, de manera opcional, era la cuota para aquellos que quisieran descargar sin límite por parte del servidor.

El dueño de Megaupload, Kim Schmitz, con uno de sus deportivos

Que una parte de los afectados por el cierre de Megaupload usaron esta web para almacenar documentos y datos personales es una realidad (los perjudicados deben ser compensador por el daño causado, ya que no han cometido ninguna falta), pero no podemos ni debemos dejarnos confundir por los que esgrimen esta verdad como argumento contra la actuación llevada a cabo por el FBI: Megaupload se había convertido en sinónimo por todo el planeta de descarga de películas, canciones y, con la aparición de los libros electrónicos, obras literarias. Puede que sus responsables no deban ser juzgados (cabe la posibilidad remota de que desconocieran el uso que los internautas le daban a su página), pero Megaupload no podía seguir abierta por lo que en ella se hacía, al igual que una discoteca que sirva como lugar para intercambiar droga tampoco debería estarlo.

La solución a este problema no es fácil (como reza el dicho popular, “hecha la ley, hecha la trampa”) y debe implicar a las grandes corporaciones, que corren el riesgo de quebrar si no cambian su política. Algunas ya han modificado su forma de actuar y han lanzado plataformas de pago con las que es posible descargar sólo aquellas canciones que nos interesen (cuántas veces habremos comprado un CD por cuatro o cinco de sus canciones…). Otra opción ha sido la seguida por varios cantantes: ofrecer gratuitamente sus discos en Internet y basar sus ingresos en las entradas vendidas por cada uno de los conciertos que dan.

Algo claro y que es inadmisible es el “remedio” ideado por la SGAE en España: cobrar una cantidad fija por cada CD, grabadora, cámara, etc… que se vende en España. Este parche (que no ha servido para nada, sólo para enriquecer a un reducido grupo de privilegiados) ha supuesto dos cosas: primero, la criminalización de todos  aquellos que utilizan tecnología, sea del tipo que sea, y, segundo, ha respaldado moralmente a todos los que se hacen ilegalmente con contenidos protegidos (como se está pagando el canon para resarcir a los artistas, estos deberían quedar contentos con la compensación económica procedente del canon que reciben).


Para finalizar, acabe como acabe todo esto, nunca debemos dejar de pensar en que todos tenemos derecho a recibir una recompensa adecuada por nuestro talento y nuestro trabajo sin que nadie pueda robarnos lo que nos pertenece por ley. 

A. Espejo Fernández